
Me pasa algo maravilloso ultimamente.
Me pasa que estoy viendo crecer a mis hijos.
Es una sensación muy dificil de explicar, justamente porque es algo que parece ser "tan" natural y al mismo tiempo es raro.
Los veo como proyectados, como si ese crecer estuviera sucediendo en otro tiempo, un tiempo diferente al mio, más real, más tangible y al mismo tiempo ilusorio, como un sueño.
Los veo crecer como brotecitos, como los porotos que germinan con el secante, los escucho en sus declaraciones, en sus juicios alocados, en sus interrogantes, con sus códigos, tan diferentes a los míos, tan reveladores, tan puros.
Los observo en sus movimientos gatunos, en sus juegos, en sus enfrentamientos y encuentros salvajes, en la sinceridad violenta de sus sensaciones, en sus retóricas, en sus pequeños mundos habitados de pájaros fugaces e imágenes dispares.
Me asomo a su grandeza con la tímida fragilidad de un capullo, a veces casi en silencio, para no interrumpir la magia de sus vuelos.
Los miro, los huelo, saboreo cada palabra, cada sonrisa, cada mueca, cada uno de sus múltiples ritos de iniciación. Escucho, aprendo, trato de mezclarme en su transparencia.
Los amo intensamente.
Me pasa que estoy viendo crecer a mis hijos.
Es una sensación muy dificil de explicar, justamente porque es algo que parece ser "tan" natural y al mismo tiempo es raro.
Los veo como proyectados, como si ese crecer estuviera sucediendo en otro tiempo, un tiempo diferente al mio, más real, más tangible y al mismo tiempo ilusorio, como un sueño.
Los veo crecer como brotecitos, como los porotos que germinan con el secante, los escucho en sus declaraciones, en sus juicios alocados, en sus interrogantes, con sus códigos, tan diferentes a los míos, tan reveladores, tan puros.
Los observo en sus movimientos gatunos, en sus juegos, en sus enfrentamientos y encuentros salvajes, en la sinceridad violenta de sus sensaciones, en sus retóricas, en sus pequeños mundos habitados de pájaros fugaces e imágenes dispares.
Me asomo a su grandeza con la tímida fragilidad de un capullo, a veces casi en silencio, para no interrumpir la magia de sus vuelos.
Los miro, los huelo, saboreo cada palabra, cada sonrisa, cada mueca, cada uno de sus múltiples ritos de iniciación. Escucho, aprendo, trato de mezclarme en su transparencia.
Los amo intensamente.












