domingo, noviembre 15, 2009

Colonia del Sacramento

Colonia del Sacramento fue fundada en el año 1680 por Manuel Lobo, gobernador de la capitanía de Rio de Janeiro durante la segunda mitad del siglo XVII.

Está ubicada a unos 180 kms de Montevideo, la capital de Uruguay

Es la única ciudad fundada por portugueses en la costa del Río de la Plata

A través de los años de su historia, esta ciudad fue disputada por España y Portugal, por lo que la mezcla de estilos caracteriza su hermosa arquitectura, si bien el trazado de sus calles es de orígen portugués y de carácter militar.


El casco histórico de esta pintoresca ciudad fue declarado por la UNESCO patrimonio cultural de la humanidad en el año 1995.


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miércoles, noviembre 11, 2009

Uruguay


Mañana me tomo una día "juevático", que viene a ser un día "sabático" en jueves.

Y me voy a Colonia, Uruguay con dos amigas, la chilensis M y la argentinensis S. O sea: salida de minas, buenisssimoooo!!!.

Nos vamos tempranito en el ferry, iremos a pasear por esos adoquines y callecitas coloniales tan llenas de encanto. Me llenaré del aroma de los jazmines y la pureza de color de las buganvillas. Iremos, seguramente, al museo de azulejos ( creo que era allí) y a la callecita esa que albergó una dramática historia de amor.

Nos deleitaremos con alguna comidita uruguaya y seguramente un vinito: el ideal sería el tannat, que son tan buenos por aquellas tierras, pero creo que el tannat es un vino de la noche y sus pasiones, no de un mediódía.

Ahhh!!!, que placer me dan estos programas maravillosos. Para ir entrando "en estado" ya estoy escuchando al jóven médico-no más médico, Drexler.

Me voy a la tierra de la Vilariño:




Mi cansancio

mi angustia

mi alegría

mi pavor

mi humildad

mis noches todas

mi nostalgia del año mil novecientos treinta

mi sentido común

mi rebeldía.

Mi desdén

mi crueldad y mi congoja

mi abandono

mi llanto

mi agonía

mi herencia irrenunciable y dolorosa

mi sufrimiento

en fin

mi pobre vida.

Deseénme suerte!!

martes, noviembre 10, 2009

Generación I


No fui una niña muy proclive a los juguetes. Tal vez porque en la época en la que fui una niña cronológicamente niña ( hoy también lo soy a pesar de mi desfase cronológico), los juegos reemplazaban a los juguetes. El territorio de los juegos estaba en todas partes: en la vereda, en los jardines, en el “fondo” de las casas, en las azoteas ( no sé por qué pero le decíamos así en lugar de terraza), en los “potreros”, en las placitas del barrio, en el patio del colegio. Había árboles donde treparse, algún auto viejo y abandonado para jugar a la escondida, barro para hacer tortas, calles inundadas para chapalear con las botas pampero infantil, en fin, toda la extensión que abarcaba la mirada se podía volver un juego, había que imaginar, solo eso, y eso era lo más fácil.
Yo imaginaba que era maestra, y formaba largas filas de alumnos en el patio de damero de la casa de mi abuela Angelita. Les pasaba lista, los hacía “tomar distancia” ( ¡Qué horror!) y luego los entraba al aula (imaginaria) y les daba la clase. Tenía una taza de flores rosadas y grandotas en la que tomaba el té mientras explicaba, tal como lo hacían mis maestras, y en un pizarrón ponía prolijamente la tarea. Tenía dos o tres alumnos imaginarios a los que retaba sin cesar; eran “los terribles, los vagos” que nunca podían faltar en algún curso, incluso me quejaba de ellos con otra maestra imaginaria, durante el recreo imaginario.
Otras veces imaginaba ser una panadera, preparaba tortas y masas de barro de diferentes formas y tamaños que luego acomodaba sobre una rejilla y las vendía a mis clientes imaginarios, que eran los vecinos de la panadería, de los que conocía todas sus historias de vida (imaginarias) que comentaba primorosamente mientras los atendía.
Y así iban sucediéndose mis juegos de infancia: secretaria, diseñadora de modas, vendedora de ropa, artista de cine, cantante. No hacía falta mucho, más bien casi nada, solo algo que había en abundancia: imaginación.
Pero como dice la canción; cambia, todo cambia, y hoy cuesta imaginarse a nuestros hijos jugando sin juguetes, diciéndole a una pared: “ Mirá, Iñíguez (este era uno de mis alumnos vagos) o te ponés a trabajar o te mando a la dirección!” o exclamado al más límpido de los aires: ¡¿En serio doña Inés?!, y ¿cuándo puso fecha su hija para el compromiso?, mientras depositan en el suelo raso un paquete con una bola de barro. De ser espectadores de este tipo de escenas, la extrañeza sería una posibilidad y otra la rápida llamada al pediatra. Cuando V era muy chiquita tenía dos amigos imaginarios: Musa y Tinel, y los anexaba a sus juegos con un realismo que a veces me hacía correr un friito por la espina. Incluso cuando le preguntaba, estupidamente, ¿Con quién estás hablando V?, ella me contestaba con absoluta naturalidad: Con Musa, ma, ¿no la ves, ahí sentada?. Claro, yo ya era un adulto y a simple vista, ya no la veía.
Creo que a pesar de poblar la infancia de mis hijos de abundantes juguetes, siempre los he animado a imaginar, aún lo hago, ya no juegos, sino proyectos, pero reconozco que los juguetes nos han invadido lo suficiente.
Tanto así, que hace unos años, se me metió en la cabeza que quería un Wasausky, o sea ese monstruito verde con un solo ojo de la peli “Monsters inc”. Le pedí a un amigo que vivía en USA que me comprara uno, pero nunca me lo trajo. Recuerdo que se los comenté a mis hijos con tristeza. De esto hará más de tres años. Un día, hace un par de meses, vuelvo del trabajo, muy cansada, y mi hijo T me dice: “Mami, hay algo para vos en la mesa de luz, yo te lo conseguí, se lo pedí a un amigo para vos, ahora ya lo tenés”. Y allí estaba mi Mike Wasausky. Me emocioné muchísimo, como si fuera muy pequeñita y mi mamá me lo hubiera comprado. Ahora, todas las noches, cuando me estoy por dormir, le cierro su ojo móvil y le digo: "Hasta mañana Wasausky, no olvides tu papeleo"
Así que debo reconocer mis queridos amigos, que a pesar de pertenecer a la generación I ( imaginativa), me gusta tener también mis juguetes. ¡¡Gracias T, por comprenderlo!!

lunes, noviembre 09, 2009

De vez en cuando...





De vez en cuando, se me antoja verme en pequeños acercamientos, ver "pedacitos" de mí que me gustan. Generalmente son momentos en los que estoy sola, medio transparente, vuelta hacia mi niña interior que desea jugar un rato.

Estas imágenes forman parte de esos momentos.

Los felinos días de Indi

Indi en su frazadita

Indi haciendo noni con su mami

Indi haciendo fiaquita después de comer

El jardín


Alguna vez les hablé de ese pequeño jardín “en decadente belleza”. Algunas cosas les hemos estado haciendo con los chicos, algunas poquitas, sacar yuyos, poner algunas plantitas nuevas, lo demás lo hizo la primavera, que sabe meterse por todos lados.
Este fin de semana pasado hubiese merecido un poco de jardinería, pero mi ánimo no me acompañó a pesar de lo espléndido que estuvo. Espero que esta semana que voy a descansar un poco lo logre. Invocaré a los buenos espíritus de la tierra y del cielo para que me animen y me acompañen en la tarea.
Igual, aquí les mando algunas fotos de lo que llevo hecho.
También retomé viejas lecturas que había abandonado. Mi atención se pierde un poco por momentos, pero el intento la supera un poco.
Necesito que la primavera también se instale en mi corazón.


domingo, noviembre 08, 2009

Insomnio

Me he tomado una semana de vacaciones porque lo necesito. Necesito alejarme, entrar al territorio de mis laberintos interiores y perderme por un sendero que me dé paz. No es fácil, últimamente sufro de un ligero insomnio que me mantiene alerta hasta pasada la medianoche. A veces mi gatito bebé me acompaña. Otras veces estoy sola y me gana la tristeza. En esos momentos recuerdo a mi abuela y la acerco a mis pensamientos para que ella me acune y me calme, y haga desaparecer ese fuerte dolor en el pecho que me cierra la garganta.
Hoy ha venido a cenar A, mi amiga de la infancia, y con ella han vuelto viejos recuerdos de una época hermosa de mi vida. Pasamos una hermosa velada… pero ahora vuelvo al insomnio y a ese dolor que detesto y que me oprime el corazón.
Abuela… vení, estoy aquí y te espero.