lunes, octubre 12, 2009

Museo Dolores Olmedo


En mi último viaje a México, finalmente (ya que hace mucho que me lo debía) y gracias a mis amigos G y E que me llevaron, pude conocer la imponente finca-museo de Dolores Olmedo Patiño.

El museo está en la Finca La Noria, en Xochimilco.
Es una construcción formidable que data del siglo XVI. Durante la época prehispánica, este lugar se llamó Tzomolco, que en nahuatl significa “cerro que se desgaja” y fue ocupado, hacia el año 1254 por una de las siete tribus nahuatlacas que llegaron al valle de Anahuac. Éstos fundaron una comunidad a la que llamaron Xochimilco, que significa “en el sembradío de flores” y agraciados por las bondades del agua y de la tierra del lugar, hicieron de la agricultura su principal actividad económica. En el año 1376, iniciaron un largo período de guerras con los mexicas que terminaría con la conquista por parte de éstos hacia el año 1430.

Dolores Olmedo, “Lola”, fue una prominente mujer de sólida raíz nacional, formada por sus mayores, especialmente por su madre, en el ferviente amor por la cultura y el arte de su tierra. Nació en la Ciudad de México el 14 de Diciembre de 1908. Ya de niña, Lola se enfrentaría a dos hechos que modelan esa fuerte presencia que tuvo a lo largo de toda su vida, primero la revolución y en 1914 la muerte de su padre. Recibió una sólida educación, durante dos años en la escuela de leyes y luego en artes y cultura de México. A la muerte de su madre, Lola asume un rol matriarcal de cuidado de su familia y avanza rápida y exitosamente por el camino de los negocios. Se convierte en una importante empresaria, una mujer de vanguardias, independiente, resuelta, siempre cercana a los círculos artísticos y culturales de su país, amante de la belleza y la tradición de su México. Conoce en 1924 a Diego Rivera y se vuelve gran amiga y guardiana de la obra de Diego y luego también de Frida Kahlo, su esposa. Junto a Diego, planifica y diseña lo que más tarde se conocería como el museo Dolores Olmedo Patiño, una casa que cobija la colección más grande de obras de Diego y Frida en la ciudad de México.




La Noria fue adquirida por Dolores Olmedo en el año 1962, una espléndida propiedad que sería su casa y luego museo y fundación. El museo abre sus puertas al público recién en 1994. Además de las obras de Frida y Diego, el museo tiene 900 piezas arqueológicas mexicanas, fabulosas piezas de marfil y porcelanas, joyería, tallas religiosas de madera y una bellísima colección de grabados de Angelina Beloff, la primera esposa de Rivera. Nada de esto guardó esta magnífica mujer para sí, siguiendo la voz de su madre que desde chica le enseñaba: “Comparte lo que tengas con tus compañeros”, todo se lo entregó al pueblo de México, a esa cultura que amó y veneró desde su juventud, y que fue el objeto de un trabajo minucioso que le llevaría toda su vida.








Dolores murió a los 94 años, el 26 de Julio del 2002. Donó sus colecciones a su país y creó un fondo responsable de la difusión del arte Mexicano a todo el mundo.








Hoy, este maravilloso museo es un centro artístico y cultural de nivel internacional. Un casco de hacienda rodeado de espléndidos jardines por los que, como pueden ver, se pasean patos, guajalotes y coloridos pavos reales.









Les puedo asegurar que cuando uno traspasa la entrada de piedra, el espectáculo que ofrece la finca es magnificente.

Para una seguidora incansable de los pasos de Frida, como soy y me siento, haber paseado por algunos de sus cuadros más célebres me produjo un sentimiento de profundísima emoción. ¡Ni que hablar cuando me paré frente a “Unos cuantos piquetitos”, el cuadro que da nombre y vida a este blog!. Realmente, esos momentos son indescriptibles, es, como dije alguna vez, un instante de plenitud enorme, de felicidad, ya que la felicidad existe y se siente precisamente en esos instantes.
Y es un momento de gratitud. Como les digo a mis hijos: no pasen a través de las cosas hermosas, más bien quédense en ellas el tiempo que sea necesario para llenarse de su belleza y para agradecer a Dios y a la vida estar ahí para vivirlo.







Marinadas

Una cosa que aprendí no hace mucho, es que para realzar las carnes para cualquier tipo de preparación posterior es muy piola el marinado.
Marinar significa poner una carne cruda ( vaca, pollo, pescado o todo bicho que camine y vaya a parar al asador) durante horas o días en remojo con diferentes líquidos y especias o hierbas para hacerla más tierna y darle más sabor.
Se usan aceites, vinagres, jugos de fruta, vinos y licores, cerveza e incluso leche, especialmente para tiernizar al matambre. En algunos casos se puede remojar la carne y también inyectarla, para lo cual hay que usar una jeringa y aguja lo suficientemente grande como para que, si se trata de una emulsión, no se tape el calibre de la aguja. La idea es que independientemente de lo que usemos, siempre le agreguemos un medio ácido, como limón o naranja o lima ( para los que la consiguen fácilmente) con dos fines, hacer que la carne se tiernize y preservarla ( aunque esto no es una preocupación teniendo la heladera y por pocas horas, claro). Para aromatizar y darle un sabor diferente se usan especias como pimientas de diversos colores, mostaza en granos, kummel, jengibre, clavo de olor, azafrán, laurel y también hierbas: tomillo, eneldo, hinojo, salvia, romero, etc.

Yo hoy, voy a comer unas pechuguitas de pollo, por lo que ya tempranito, mientras preparaba el café para el desayuno y ponía las tostadas, hice mi marinada para el almuerzo.
Es muy fácil: Primero salé las pechugas con sal gruesa, of course, después salí al patio ( hace un frasquete!!!!!) y corté hierbas aromáticas de mis macetitas. Entonces aquí ven, dispuse “primorosamente” sobre las presas de pollo, salvia, romero, tomillo, orégano y menta, agregué pimienta verde y pimienta de malabar y hojas de laurel y regué todo con una emulsión que preparo aparte en un frasco, a base de aceite de oliva, aceto balsámico y mostaza de dijon. Lo del frasco está buenísimo, lo aprendí de Narda Lepes: metés todo en el frasco, lo tapás bien y batís como si estuvieras en la barra de un boliche preparando un martini. Así la emulsión nunca falla y tiene su punto.
OK, volvamos al pollito, después que lo salseaste y cubriste todo con el líquido, si querés lo bañas con vino, cosa que yo no hice en este caso. Después le ponés papel de film y lo ponés en la heladera ( o nevera) hasta el momento de su preparación.

Ah! Me olvidaba, otra cosa que beneficia el marinado es que, lo que prepares, salga mucho más jugoso.


viernes, octubre 09, 2009

Aquellos buenos tiempos

Para mi amiga A, mi hermana de siempre, la voz cristalina de mis horas de angustia, estandarte de aquellos buenos tiempos.
Te quiero mucho!

Escucho una canción que sonó mil veces en aquel tiempo de mi adolescencia.
Recuerdo que nos juntábamos en la casa de algún amigo/a con un montón de long plays y ya, la cosa era sentarse donde se pudiera, generalmente sobre muchos almohadones, a escuchar, a tomar gaseosas y picotear papas fritas, y para los más osados prenderse un cigarrillo. Así se descolgaban las horas, sin otro objetivo que juntarnos a tararear canciones, una detrás de otra, dirigidos por el que oficiaba de DJ y al que en caso de aburrirnos demasiado, desplazábamos cruelmente.
Recuerdo que nos reíamos mucho. Esa también era una condición para el encuentro: la risa. Nos reíamos de tonterías, de un sinfín de anécdotas que recopilábamos pausada y meticulosamente del anecdotario escolar de ese y de años pasados. Nos sentíamos una pequeña cofradía, en la que cada uno tenía una fuerte identidad que era reconocida y amada por sus pares. No había defectos ni sarcasmos, no había lugar para ninguna clase de destierro, de haberlo habido, toda la cofradía hubiese padecido heridas de guerra.
La música era un nexo poderoso y venerado. Nos hermanaba. Había canciones que nos oscurecían momentáneamente, y todos sabíamos que cada uno estaba viviendo esas palabras de un modo distinto, pero muy semejante al del otro. Éramos parte de un todo que sentía al unísono.
Éramos jóvenes y hermosos.
La vida era una larga, larguísima aventura que apenas asomaba su rostro. Estaba llena de promesas, de desafíos, estaba llena, cargada hasta rebasar, de horas vacías que nos esperaban ansiosas. ¡Había tanto territorio abierto e inacabable para la conquista! Infinitos cielos y estrellas para soñar, millones de hojas en blanco para garabatear ideas e ideales. Paredones altísimos para pintarrajear corazones y dibujar palomas.
Éramos jóvenes, muy jóvenes y muy hermosos.
Teníamos esquinas de encuentro perfectamente establecidas y demarcadas, calles que repetíamos bajo nuestras pisadas estación tras estación. Amábamos las tormentas y nos despatarrábamos bajo el sol. La hora rosada del atardecer nos hacía íntimos, y nos animábamos a las noches calurosas de verano con movimientos gatunos. Cambiábamos todo, estampillas, cartas, anillos, sweters, cadenitas, discos, bufandas. Guardábamos flores y hojas secas en libros y cuadernos. Fumábamos a escondidas, bailábamos por las calles y también llorábamos, a veces llorábamos mucho, por cualquier cosa.
Pensándolo bien, éramos demasiado jóvenes y demasiado hermosos.
Dios bendiga cada una de las lágrimas con las que termino este nocturno. Porque cada una de ellas tiene sus nombres, seguramente si pudiese verlas más de cerca también tendría sus caras, y si pudieran susurrarme, tendrían sus voces.

martes, octubre 06, 2009

Realidad, divino tesoro

Este nocturno, es de mis trillis.
Durante la cena, ellos siempre toman la palabra, y comentan las cosas del día, principalmente del colegio.
C comenta que la hermana de un compañerito, que tiene 18 años, está embarazada. Este compañero se los anunció hoy, de manera que la noticia es muy fresquita.
C comenta, _ Si, mami, la hermana era flaquita, pero ya tiene pancita, claro, porque tiene al bebé, y todavía va al colegio, porque está en el último año, o sea que va a ir embarazada al colegio_
Entonces T, después de escuchar en silencio, dice:_ Imaginate, qué problema si rompe bolsa en la clase, ¿no?_
Yo les digo: _Pero tiene novio, ¿no? y el novio es un buen chico, van a tener y cuidar al bebé_
_Si, mami_ dice M_ El novio es buenisimo, mirá, el perro de ellos les caga toda la terraza, y el novio de la hermana junta todo con la pala!, es buenisimo!!_

Después de escuchar esto, compruebo una vez más que mis hijos son maravillosos, y que entienden que el milagro de la vida está por encima de todas las cosas.

lunes, octubre 05, 2009

La primavera de Indi




Indi echadito sobre la panza de su mamá
Indi ocultando su cabecita de la papparazzi
Cuando era chica, el aroma de los paraísos en flor era el anuncio de la primavera. En la casa de mi abuela Angelita había tres paraísos frondosos a los que me subía y bajaba en busca de las mejores aventuras.


La llegada de sus flores, tan fragantes, delicadas, de un hermoso color lavanda era la alegría de mis años de infancia. Juntaba ramos enormes, porque eran tantas!!, parecía que jamás se iban a acabar.


Los años me alejaron de aquellos paraísos de la infancia, pero por esas cosas lindas de la vida, mi barrio está lleno de paraísos y hoy al salir a hacer las compras, su aroma me invadió hasta el alma.


De paso, fui a la sala de neonatología del vivero de Diego ( una caja de cartón) para ver como seguía y sacarle unas fotitos a Indi, nuestro gatito.


Diego dice que está "bárbaro", así que, amados hijos, aquí mami, les trajo unas fotos de Indi, y su perfumada primavera

Chau Negra...hasta pronto!




Gracias!




Gracias!





Gracias!




Gracias!


Y de nuevo gracias, por "haberme dado tanto"


Hasta la vista!

La casa de Pablo

La casa del poeta Pablo Neruda, en Isla Negra.

Un regalo para vos Gus, viajero y soñador, explorador del viento y las arenas, amigo de los amaneceres distantes, pájaro de todos los cielos, amante de la voraz seducción de París.

No había nadie en aquella casa.

Yo estaba invitado y entré.

Me había invitado un rumor,

un peregrino sin presencia,

y el salón estaba vacío

y me miraban con desdén

los agujeros de la alfombra

Yo construí la casa

La hice primero de aire, luego subí en el aire la bandera
y la dejé colgada del firmamento, de la estrella,
de la claridad y la oscuridad


Cemento, hierro, vidrio,
eran la fábula,
valían más que el trigo y como el oro,
había que buscar y vender,

y así llegó un camión:
bajaron sacos
y más sacos,
la torre se agarró a la tierra dura

_pero no basta, dijo el constructor,
falta cemento, vidrio, fierro, puertas_

y no dormí en la noche