
En mi último viaje a México, finalmente (ya que hace mucho que me lo debía) y gracias a mis amigos G y E que me llevaron, pude conocer la imponente finca-museo de Dolores Olmedo Patiño.
El museo está en la Finca La Noria, en Xochimilco.
Es una construcción formidable que data del siglo XVI. Durante la época prehispánica, este lugar se llamó Tzomolco, que en nahuatl significa “cerro que se desgaja” y fue ocupado, hacia el año 1254 por una de las siete tribus nahuatlacas que llegaron al valle de Anahuac. Éstos fundaron una comunidad a la que llamaron Xochimilco, que significa “en el sembradío de flores” y agraciados por las bondades del agua y de la tierra del lugar, hicieron de la agricultura su principal actividad económica. En el año 1376, iniciaron un largo período de guerras con los mexicas que terminaría con la conquista por parte de éstos hacia el año 1430.
El museo está en la Finca La Noria, en Xochimilco.
Es una construcción formidable que data del siglo XVI. Durante la época prehispánica, este lugar se llamó Tzomolco, que en nahuatl significa “cerro que se desgaja” y fue ocupado, hacia el año 1254 por una de las siete tribus nahuatlacas que llegaron al valle de Anahuac. Éstos fundaron una comunidad a la que llamaron Xochimilco, que significa “en el sembradío de flores” y agraciados por las bondades del agua y de la tierra del lugar, hicieron de la agricultura su principal actividad económica. En el año 1376, iniciaron un largo período de guerras con los mexicas que terminaría con la conquista por parte de éstos hacia el año 1430.
Dolores Olmedo, “Lola”, fue una prominente mujer de sólida raíz nacional, formada por sus mayores, especialmente por su madre, en el ferviente amor por la cultura y el arte de su tierra. Nació en la Ciudad de México el 14 de Diciembre de 1908. Ya de niña, Lola se enfrentaría a dos hechos que modelan esa fuerte presencia que tuvo a lo largo de toda su vida, primero la revolución y en 1914 la muerte de su padre. Recibió una sólida educación, durante dos años en la escuela de leyes y luego en artes y cultura de México. A la muerte de su madre, Lola asume un rol matriarcal de cuidado de su familia y avanza rápida y exitosamente por el camino de los negocios. Se convierte en una importante empresaria, una mujer de vanguardias, independiente, resuelta, siempre cercana a los círculos artísticos y culturales de su país, amante de la belleza y la tradición de su México. Conoce en 1924 a Diego Rivera y se vuelve gran amiga y guardiana de la obra de Diego y luego también de Frida Kahlo, su esposa. Junto a Diego, planifica y diseña lo que más tarde se conocería como el museo Dolores Olmedo Patiño, una casa que cobija la colección más grande de obras de Diego y Frida en la ciudad de México.
La Noria fue adquirida por Dolores Olmedo en el año 1962, una espléndida propiedad que sería su casa y luego museo y fundación. El museo abre sus puertas al público recién en 1994. Además de las obras de Frida y Diego, el museo tiene 900 piezas arqueológicas mexicanas, fabulosas piezas de marfil y porcelanas, joyería, tallas religiosas de madera y una bellísima colección de grabados de Angelina Beloff, la primera esposa de Rivera. Nada de esto guardó esta magnífica mujer para sí, siguiendo la voz de su madre que desde chica le enseñaba: “Comparte lo que tengas con tus compañeros”, todo se lo entregó al pueblo de México, a esa cultura que amó y veneró desde su juventud, y que fue el objeto de un trabajo minucioso que le llevaría toda su vida.



Dolores murió a los 94 años, el 26 de Julio del 2002. Donó sus colecciones a su país y creó un fondo responsable de la difusión del arte Mexicano a todo el mundo.



Hoy, este maravilloso museo es un centro artístico y cultural de nivel internacional. Un casco de hacienda rodeado de espléndidos jardines por los que, como pueden ver, se pasean patos, guajalotes y coloridos pavos reales.



Les puedo asegurar que cuando uno traspasa la entrada de piedra, el espectáculo que ofrece la finca es magnificente.
Para una seguidora incansable de los pasos de Frida, como soy y me siento, haber paseado por algunos de sus cuadros más célebres me produjo un sentimiento de profundísima emoción. ¡Ni que hablar cuando me paré frente a “Unos cuantos piquetitos”, el cuadro que da nombre y vida a este blog!. Realmente, esos momentos son indescriptibles, es, como dije alguna vez, un instante de plenitud enorme, de felicidad, ya que la felicidad existe y se siente precisamente en esos instantes.
Y es un momento de gratitud. Como les digo a mis hijos: no pasen a través de las cosas hermosas, más bien quédense en ellas el tiempo que sea necesario para llenarse de su belleza y para agradecer a Dios y a la vida estar ahí para vivirlo.













No había nadie en aquella casa.


