
Y un buen día…allí están. Frente al espejo, arreglándose como mujercitas que son.
Uno las mira y se acuerda del primer bañito, ese ridículo termómetro con forma de pececito que metiste y sacaste tres veces antes de meterla a ella por temor a que se quemara el culito.
Aquella vez que se te cayó de la cama por una milésima de segundo en que te diste vuelta para alcanzar el óleo calcáreo. Y vos llorabas más que ella, y llamaste entre mocos y balbuceos al pediatra y le preguntaste 100 veces si no había que hacerle una resonancia magnética.
Cuando hacía globitos con la saliva.
Cuando con las primeras comidas, escupía la mitad del puré de zapallo y espinaca y vos quedabas exhausta como si hubieras alimentado a un elefante con amigdalitis.
Cuando se te pasaba a la cama diez veces por noche, y al final la dejabas ahí y vos te dormías con la frente pegada a la mesita de luz.
Cuando la dejaste por primera vez en el jardín de infantes y al salir sentías que el corazón se te hacía pomada.
Cuando empezó a leer y ya la veías recibiendo el título universitario.
Y las fiestitas escolares,
Y los útiles,
Y los juegos,
Y los peluches…
Y ahora, mirala…ahí está pasándose rimel, exactamente como vos, en la misma posición, con el mismo cuidado para no empastarse la conjuntiva. Con la misma gracia.
Ahí está… mi nena.
Uno las mira y se acuerda del primer bañito, ese ridículo termómetro con forma de pececito que metiste y sacaste tres veces antes de meterla a ella por temor a que se quemara el culito.
Aquella vez que se te cayó de la cama por una milésima de segundo en que te diste vuelta para alcanzar el óleo calcáreo. Y vos llorabas más que ella, y llamaste entre mocos y balbuceos al pediatra y le preguntaste 100 veces si no había que hacerle una resonancia magnética.
Cuando hacía globitos con la saliva.
Cuando con las primeras comidas, escupía la mitad del puré de zapallo y espinaca y vos quedabas exhausta como si hubieras alimentado a un elefante con amigdalitis.
Cuando se te pasaba a la cama diez veces por noche, y al final la dejabas ahí y vos te dormías con la frente pegada a la mesita de luz.
Cuando la dejaste por primera vez en el jardín de infantes y al salir sentías que el corazón se te hacía pomada.
Cuando empezó a leer y ya la veías recibiendo el título universitario.
Y las fiestitas escolares,
Y los útiles,
Y los juegos,
Y los peluches…
Y ahora, mirala…ahí está pasándose rimel, exactamente como vos, en la misma posición, con el mismo cuidado para no empastarse la conjuntiva. Con la misma gracia.
Ahí está… mi nena.